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HISTORIA

En el corazón vibrante de Santander, Colombia, donde la tradición y la innovación se entrelazan, comenzó nuestro viaje. La historia de SOY DE CAÑA nace de una conversación entre los miembros de la junta directiva de la cooperativa panelera, de la cual formábamos parte. En una reunión llena de pasión y compromiso, discutíamos cómo transformar la industria panelera y dar vida a nuevos productos que pudieran tocar el corazón de quienes los disfrutan.

Nuestra familia ha estado inmersa en el arte de la producción de panela durante más de 70 años, dedicando generaciones a la elaboración de ese dulce inconfundible que ha sido el alma de nuestros hogares. Sin embargo, en una simple conversación con nuestros clientes, surgió una pregunta que encendió una chispa de inspiración: “¿Por qué no existe la panela líquida o miel de caña?” La inquietud era clara: las personas tenían que comprarla y luego derretirla o romperla con martillos, una tarea que no solo era engorrosa, sino que también traía consigo accidentes y un molesto rastro de hormigas en la cocina.

Así nació la idea de la miel de caña de azúcar, un sueño cultivado en el trapiche San Cristóbal de Piedecuesta, en el cálido y fértil suelo de Santander. Queríamos un producto que no solo facilitara la vida de nuestros consumidores, sino que también reflejara nuestra pasión por la calidad y la tradición. En la década de los noventa, emprendimos una exhaustiva investigación para evitar que nuestra panela líquida se cristalizara o fermentara, protegiendo así su pureza y sabor.

Hoy, cada gota de SOY DE CAÑA es testimonio de nuestro compromiso con la excelencia y la responsabilidad social. Nos enorgullece trabajar con principios de sostenibilidad ambiental, cultivando nuestra caña de azúcar de manera que respetamos y cuidamos el entorno que nos rodea. Promovemos trabajos dignos en el campo, asegurando condiciones justas y seguras para quienes forman parte de nuestra familia productiva.
En nuestro trapiche, seguimos rigurosos protocolos de calidad, extrayendo mieles vírgenes durante el proceso de ebullición, antes de que la panela se convierta en su forma sólida. Estas mieles son cuidadosamente transportadas a nuestra central de mieles en Bucaramanga, un lugar certificado por el INVIMA, donde transformamos la caña de azúcar en un dulce líquido que conserva todos los beneficios y nutrientes de la caña, ofreciendo un endulzante natural de alta calidad.

En cada frasco de SOY DE CAÑA, no solo encuentras un producto, sino una historia de tradición, innovación, y un firme compromiso con la justicia social y el medio ambiente. Es un pedacito de nuestra herencia, elaborado con cuidado y pasión, listo para endulzar tus momentos más especiales, mientras cuidamos juntos de nuestro planeta y apoyamos a quienes hacen posible este sueño.